Cuando los vaqueros empezaron a no cerrar y llevaba petada la mayor parte de mi ropa, llegó el momento de ir a comprar ropa premamá. Todavía estaba en Sevilla y me llevaron mi señora madre y mi hermana, que tuvieron que aguantarme hormonal perdida llorando en cada probador.
No lloraba por ver como el glamour que nunca tuve quedaba totalmente desterrado ante el elástico para la barriga de mis pantalones nuevos, lloraba porque, con lo maravillosamente cómodos que eran, no iba a tener excusa después de parir para seguir llevándolos.
Son una maravilla, en serio, y si te gustan los "all you can eat" no te cortes, que tengo una amiga pendiente de que se los preste para ir a un bufé libre de pizza.